Ángel Solís / Ajuste de Cuentos

A unos días de que el gobernador Carlos Joaquín González rinda su quinto informe y mientras el mandatario pretende reconciliarse con los habitantes de la capital que lo llevaron al poder y posibilitaron un cambio, el titular de la Comisión para la Juventud y el Deporte de Quintana Roo (COJUDEQ) Antonio López Pinzón, asestó un duro golpe a la imagen gubernamental con el pretendido traslado del CEDAR de Chetumal a Cancún.

Dejando de lado que el cambio de sede sea por causa de hundimientos, las condiciones en que se encuentra ese inmueble es el reflejo del abandono de sus responsabilidades y valemadrismo con el que muchos funcionarios joaquinistas se han desempeñado en lo que va del sexenio.

Y es que el supuesto “diagnóstico de riesgo” realizado en las instalaciones del Centro Estatal de Desarrollo y Alto Rendimiento (CEDAR) de Chetumal, elaborado por “expertos” de la Coordinación Estatal de Protección Civil, puso en evidencia el desprecio de algunos funcionarios estatales y el desconocimiento de la capital del estado, sobre todo de las condiciones del suelo en el primer cuadro de la ciudad.

Los hundimientos en las instalaciones de la Cojudeq no son producto de temblores ni mucho menos la caída de meteoritos en la zona, sino algo “normal” al ser zona colindante con la bahía de Chetumal, la cual está rodeada por cavernas. Las condiciones en las que se encuentra son provocadas por la falta de mantenimiento y ahora son usadas de pretexto para trasladar a decenas de jóvenes a Cancún, ante el supuesto peligro que corren.

Antonio López Pinzón no tiene ni tantita vergüenza, porque es un hombre que se ha forrado del dinero de los deportistas del estado y prefirió invertir y destinar los recursos que envía la Federación para remodelar el Cedar de Cancún y dejar morir las instalaciones de Chetumal, las cuales pese a sus precarias condiciones a lo largo de estos años le han dado a Quintana Roo muchísimas medallas en diversas disciplinas.

Es tiempo de que este nefasto funcionario del cambio explique por qué abandonaron las obras de la Unidad Deportiva Chactemal, ubicada a un costado de la Universidad Tecnológica de Chetumal, pese a que la obra desde su llegada al cargo ya presentaba un avance del 40 por ciento y se habían destinado 60 millones. ¿Dónde quedó ese dinero y por qué decidieron que se pudriera la obra?, cuando desde un inicio se planteaba que a ese lugar se trasladaría el Cedar de Chetumal.

A un año de que concluya el presente gobierno, es claro que a muchos funcionarios les quedó muy grande el puesto y solo llegaron a enriquecerse y solucionar la pobreza en la que vivían hasta antes de 2016. El ejemplo más claro es López Pinzón, quien se dedicaba a la venta de bienes raíces y hoy es un próspero empresario inmobiliario, con propiedades en diversos municipios de la zona norte del estado y en Yucatán.

Los robos al presupuesto que ha hecho Tony López están documentados. Hay infinidad de empresas falsas con la que facturaba material deportivo y están expuestas en las redes sociales. Diversos funcionarios y sus familiares conforman esta red de corrupción al interior de la Cojudeq, lo que ocasionaría que este personaje sea uno de los principales candidatos a ocupar las celdas que dejaron vacantes los borgistas en el Cereso de Chetumal.

No se necesita ser un experto auditor para poner en evidencia las transas con las han saqueado estas oficinas del deporte quintanarroense. Con tan solo una computadora y conexión a internet en cinco minutos se le puede exponer públicamente y hasta el momento la Contraloría y la Auditoría Superior del Estado son cómplices de estos actos.

Personal de la Cojudeq señala que el objetivo real de concentrar a los atletas en Cancún, es de cierta manera privatizar el Cedar, porque López Pinzón ya presentó el proyecto de separar este centro deportivo de la Cojudeq para que funcione de manera autónoma, recibiendo dinero del erario federal, iniciativa privada y también aportaciones de los padres de familia, algo parecido a lo fuera el Centro Pegaso, de Alejandro “El Güero” Burillo Azcárraga, ex propietario del Atlante y ex patrón de Omar Terrazas García, esposo de la alcaldesa de Cancún Mara Lezama Espinosa.

Falta un año y el gobernador Carlos Joaquín debe dar un golpe de timón para sacudirse lacras como López Pinzón que se van con las bolsas llenas y la vida solucionada en tan solo un sexenio.

De nada sirve que se inviertan millones de pesos en diversas obras de infraestructura en el sur que por muchos años estuvo abandonada. La historia no perdona y aún hay tiempo para una reconciliación con los chetumaleños.

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